El jardín infantil y sala cuna “Mandarino” de Huechuraba, en cuyo exterior murió el niño Borja López abandonado en un auto por la parvularia del recinto Eugenia Riffo, volvió a funcionar este miércoles con apoyo de varios de los apoderados que llegaron a dejar a sus hijos.
Mientras los padres del menor claman por castigo, las puertas del recinto volvieron a abrirse al levantarse la orden de clausura del municipio de la alcaldesa Carolina Plaza para proteger a los otros menores del lugar y facilitar las investigaciones policiales luego de la fatal gestión de la profesional.
Requeridos por su opinión luego del incidente apoderados expresaron su confianza en el establecimiento. “La verdad es que no tengo nada que decir al respecto, sigo confiando en el Mandarino. Fue un accidente que pudo tener cualquier persona”, dijo una mujer.
Otra complementó la misma confianza: “Descarto toda alternativa de algún tipo de maltrato. No tengo ningún antecedente, no estaría trayendo a mi hijo aquí”.